El gas debe ser un instrumento de desarrollo

 
 

El amplio diálogo propiciado a través de una serie de seminarios, foros, debates e investigaciones realizadas sobre la temática del gas, da lugar a arribar a la conclusión de que las reservas de gas (probadas y probables) permiten tanto la exportación a mercados próximos o de ultramar, como también, simultáneamente, utilizar este recurso dentro del país, generando valor agregado a través de procesos de industrialización. Antes de desarrollar puntualmente nuestras iniciativas, debemos dejar establecido, como prerrequisito a cumplirse, el respeto estricto a los intereses de la nación: en el orden geopolítico, usar nuestros recursos gasíferos para obtener un litoral soberano en el Pacífico; en el rubro geoeconómico, contribuir a la integración regional, creando un polo de hiperdesarrollo continental, punto de enlace transoceánico; en el campo social, atender prioritariamente los intereses de las regiones menos favorecidas de nuestro territorio y la población de menores recursos económicos del país. 

1. La exportación.

Con respecto a la exportación del gas, es necesario e imprescindible, buscar ser partícipes de la exportación en condiciones de igualdad con las transnacionales en una relación "fifty- fifty", pues nosotros ponemos nuestra riqueza (el gas) y ellos ponen la inversión necesaria para hacer factible el negocio (exploración, explotación, transporte y comercialización). Para conseguir mejorar el nivel de regalías, en vez del procedimiento de cambiar la ley de hidrocarburos (que sin duda será traumático), debemos y podemos optar por una solución simple, que no de a las transnacionales argumentos para plantear reclamos referidos al respeto de las bases jurídicas, que sustentaron el proceso de capitalización de YPFB, amenazando con recurrir a arbitrajes internacionales. 

Nuestro planteamiento consiste en no cambiar la ley de hidrocarburos, pero sí sustituir la ley 1731 que maliciosamente establece una absurda diferenciación entre hidrocarburos nuevos e hidrocarburos existentes, que es insostenible conceptualmente, dado el carácter sistémico de la producción de hidrocarburos. Como esta ley 1731 es complementaria, y no afecta a las condiciones jurídicas que sirvieron de base a los contratos con las empresas transnacionales, su sustitución no debería, ni podría ser objetada. 

Eliminada la diferenciación entre hidrocarburos nuevos e hidrocarburos existentes, la actual ley de hidrocarburos (si obramos con prudencia y con inteligencia) nos daría la opción de sumar a las regalías del 18% establecidas en el artículo 18, inciso e, el 13% de regalía nacional complementaria para los hidrocarburos existentes (que ahora serían todos los hidrocarburos) que fija el artículo 57, más la participación nacional del 19% sobre el valor de la producción fiscalizada "que se pagará al TGN en dinero", artículo 72, inciso b. Así, con la simple eliminación de la diferenciación entre hidrocarburos nuevos e hidrocarburos existentes, las regalías por todos los hidrocarburos serían del 50% en aplicación de la actual ley de hidrocarburos. 

Otro aspecto esencial de la actual Ley de Hidrocarburos, que permite al país el control de la producción y la exportación de hidrocarburos es el artículo 24 que dice "... se exceptúa de la libre comercialización de los mismos, los volúmenes requeridos para satisfacer el consumo interno del gas natural", artículo providencial complementado por el artículo 7 del Reglamento de Comercialización del Gas que en el inciso a) dice: "Establecer de acuerdo con el artículo 24 de la Ley, los volúmenes requeridos para satisfacer la demanda del consumo interno de Gas Natural..." y en el inciso b) "conceder los permisos de exportación...". La Ley y el Reglamento citados son los que facultan al país jurídicamente a seguir un plan de utilización del Gas sin contemplar forzosamente las opciones de exportación. Una vez llenadas las necesidades nacionales, que la Superintendencia de Hidrocarburos debe determinar, la Ley permite la exportación del Gas Natural en volúmenes establecidos periódicamente, se entiende en conformidad al desarrollo del país y consiguiente aumento del consumo, a través de procesos de industrialización del gas. 

2. La industrialización del Gas.

Si bien es cierto que industrializando el gas se podría generar valor agregado a través de diferentes formas de su aprovechamiento, éstas sólo serían un paliativo a la crisis. Si de verdad queremos vencer a la pobreza y a la injusticia, debemos dotarnos de pensamientos largos para superar la dependencia y el subdesarrollo y apostar por la construcción de una sociedad más equitativa y más justa, aprovechando la feliz circunstancia de poseer importantes reservas de gas natural. 

Nuestro criterio es que no basta industrializar el gas. Es necesario adoptar una estrategia de desarrollo nacional apropiada a nuestra realidad y a la coyuntura de qué hacer con las importantes reservas de este recurso que la naturaleza generosamente nos ha brindado. El gas debe ser un instrumento para iniciar un proceso de desarrollo nacional, capaz de inducir a la explotación racional de otros recursos naturales en un proceso sinérgico, que siguiendo la teoría de los polos de desarrollo, conduzca a un desarrollo racionalmente equilibrado a través de la implementación de una red jerarquizada, armónica, de integración y propagación, de polos de desarrollo (unidad económica motora que ejerce efectos de arrastre de otras unidades motrices y provoca reacciones en cadena) geográficamente distribuidos. 

Así, al sur del país, en Tarija, se puede generar un polo de desarrollo en base a la instalación de plantas de GTL (gas convertido a líquido) para producir un Diesel sintético, que es limpio y de mayor poder energético que el Diesel obtenido por destilación, que no solamente abastecería la demanda interna, sino que tendría mercado asegurado en países vecinos y mercados de ultramar, se ha citado Asia (china e India). 

Al Este, en Santa Cruz, se puede generar otro polo de desarrollo con la explotación del Mutún, empleando el gas para reducir el mineral de hierro y obtener en una primera etapa hierro esponja, que tiene mercado en la Argentina. 

Al Oeste, en Potosí, la instalación de una planta de fertilizantes induciría a la explotación del Salar de Uyuni para, por una parte, obtener el potasio resultante de esa explotación a más de promover el aprovechamiento de las reservas de fosforita de Cochabamba, y por otra parte, explotar el litio, lo que dinamizaría la economía de la región. 

En el altiplano, en Oruro, una planta de energía termoeléctrica permitiría explotar las reservas de agua subterránea (certificadas por las NN. UU.) y generar una verdadera revolución agropecuaria en la región más deprimida del país y convertirla en una zona de gran productividad, equilibrando así el desarrollo entre oriente y occidente. 

Al centro, en Cochabamba, aprovechando las ventajas geopolíticas de su ubicación y su vocación integradora, se debe propiciar un polo de desarrollo a través de la instalación de la industria petroquímica (actualizando un proyecto que ya tenía YPFB) en su primera fase, para después llegar a la petroquímica final, con la obtención de una serie de productos conocidos en el lenguaje común como plásticos. 

Si actuamos con juicio, con decisión, con racionalidad y responsabilidad podemos superar la crisis actual a través de una adecuada política de hidrocarburos en una acción coordinada de utilización del gas como instrumento de desarrollo y, simultáneamente, de exportación del gas en la medida en que nuestras importantes reservas permitan ambos usos, lo que produciría una explosión de desarrollo en Bolivia, transformándola en un estado económicamente poderoso y socialmente justo, camino por el que vale la pena apostar. Lo expuesto, representa en síntesis la posición del grupo de Estudio del Desarrollo Nacional Boliviano en la compleja problemática del gas. 
   
  Autor: Oscar A. Quiroga, Hernán Soria, Osvaldo Pareja Mariscal, Manuel Villarroel Taborga
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